10 ago. 2012

Durante unos días creí tenerlo todo bajo control. Construí unos muros suficientemente fuertes  como para que nadie los echase abajo. Me prometí levantar la cabeza bien alta y me prometí unas cuantas estupideces más. Durante unos días estaba segura de poder cumplirlas. Pero me equivoqué, como otras tantas veces, me equivoqué contigo. Sabía que tenías fuerza sobre mí, pero nunca imaginé que pisotearías incluso mi voluntad. Y ahora lo único que me lleva a ti es el dolor. Ni siquiera podrías acercarte a pensar en lo mucho que echo de menos confundir tu sonrisa con el sol o tus besos en la frente que hacían que me sintiese protegida. El sonido de tu risa y de la mía, tus miradas fugaces y las no tan fugaces.También tus rizos e incluso el olor que dejabas en mi ropa y que tanto agradecía al llegar a casa. Y a veces me asaltan los recuerdos, me roban y me dejan desnuda, reflejando un yo que no me gusta mostrar. Un yo destrozado, roto y de mirada perdida.   Por eso leo, leo lo que me escribías. Para volver a ti, porque es la única manera de tenerte.Y como has cambiado...  Antes me decías que te alegraba los días, y ahora, de pronto,  me pides que te odie y que te olvide, que tú ya lo has hecho y no has tardado más de una semana. Joder, que no quiero. NO QUIERO QUE TE VAYAS. Que soy de las que piensa que ni un clavo saca otro clavo y  que el puto tiempo no lo cura todo. Necesito vivir contigo aquí. Y no quiero rendirme. Lo malo es que las esperanzas las enterraste bajo tierra hace unos días, y cada vez que intento y lucho por desenterrarlas, me doy cuenta de que el agujero donde las escondiste está demasiado profundo.

1 comentario:

  1. Si te dejo a ti,no merece la pena,la luz de tu sonrisa lo cego y no te vió bien.
    R.

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