2 sept. 2016

Amores que matan

El miedo es un insecto
que crea de tu piel un hogar
y de tu sangre un río en el que matarse
sin nota de suicidio
más que tus ojos inyectados en sangre.

El miedo es una portazo silencioso
unos pasos que destrozan el parqué
y las fauces del lobo en tu propia habitación.

Un corte que se abre
desde la esquina derecha, donde el primer punto se descose
y continúa lentamente
como los botones de una camisa ajustada
uno a uno,
sin piedad.
El ruido estremecedor de un coche,
una cena sin hacer,
unas bisagras que chirrían.

Cincuenta sombras de gris en tus brazos
y tus piernas,
un lienzo cubierto de hematomas.

El miedo es el filo de una navaja contra tu vientre
un infierno en tu falda
tu cuello que se estrecha
unos pulmones que se incendian
y un grito de auxilio.

El crack de una discoteca de mala muerte
y el de una reina que se rompe
preguntándose por qué ya no duele.

Sin embargo,
lo más terrorífico del miedo es que te corta la lengua
y te arranca la voz
sin tú siquiera notarlo.
Para cuando te das cuenta
ya te ha hundido junto a él
muy muy hondo
mientras sujeta tu mano
y te dice que el secreto está en concentrarte en lo que ya no tienes.

Y es entonces cuando te acuerdas de ese reloj de la pared
que nunca te había gustado.

Tic toc, tic toc, tic toc.