29 may. 2011

Sinsentidos

Desesperación. Vamos, cuenta hasta diez. Uno, dos, tres. De un día para otro las cosas ya no están en su lugar habitual, como alguien que intenta ordenar su propia vida, y luego ya no sabe dónde encontrar lo que busca. Lo de allá está aquí, y lo del pasado permanece en el pasado. Cuatro, cinco. Caótico, terrible, desconcertante. Felicidad, que se esfuma cual diente de león con el viento; "para siempres" que se convierten en "para nuncas" Seis. ¿Y qué mierda queda ahora? ¿Esperar a que las aguas vuelvan a su cauce? Me temo que no, la impaciencia es una inquilina entre mis planes, viviendo en deuda con mis pensamientos. Siete, ocho. Ya no quedan uñas por morder. Luego será ¡oh, cuánto tiempo! sí, claro, tiempo el que me debes. Hoy eso quizás me beneficie más, mañana tomaré el segundo plato, qué importa, además, nadie le pone normas a esto. Nueve. Y otra vez, venga, que sientes lo de siempre, una sonrisa falsa y basta, yo me lo creo, en serio, te lo juro, por todo lo que quieras, confía en mí. ¿Confianza? Prefiero mantenerlo a un lado, en el cajón junto a las decepciones y todo eso que da asco. El estar aquí se me escapa de las manos. Diez. Qué gracia, ¿que si estoy mejor, más relajada? Por supuesto, aunque en realidad no lo sé, la verdad es que me guío por lo que digan los demás, nunca falla, ¿me equivoco?

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