4 nov. 2011

Aquí estamos de nuevo. Tú y yo. Libres uno del otro, retándonos a ver quién es el primero en abrir la boca o en mover un dedo. Miradas desconfiadas. Tu hoyuelo en la mejilla derecha. Mi expresión en la cara de haberme topado con algo que nunca he esperado volver a encontrar. Y de pronto, eres tú el que pierde el juego, el que se acerca a mí. Intento disimular el atisbo de esperanza que asoma por mis ojos. Esperanza por escuchar un he-vuelto o un  no-he-aprendido-a-estar-sin-ti. Ganas de que vengas y me abraces,  de notar tus labios invernales por todos lados. Se me pasa por la cabeza, fugazmente, que quizás no todo esté perdido, que puede que alguna que otra noche pienses en mí, aunque no tanto como lo he hecho yo, obviamente. Me apartas el pelo de la cara, y puedo observarte mejor. Ya no eres el mismo, estás exactamente igual que hace unos meses, pero ahora yo ya no estoy en tu vida. Tal vez haya otra. Más guapa, más delgada, que te quiera mejor, que te interrumpa menos, que esté de acuerdo en todo contigo. O tal vez ninguna pisó tus tierras después de mí. Supongo que de ser así, prefieres estar solo. No me has llamado desde entonces, ni me has dejado una de tus notas debajo de la puerta; también he pasado semanas sin tus buenas noches ni tus buenos días. Pero sí, he podido sobrevivir, amaneciendo cada mañana con la ilusión de verte en un semáforo a punto de cruzar, o ahogando tus penas en algún café del centro. A partir de una tarde, dejé de estar segura de que volverías a aparecer, me conformé con releer todo lo que me escribiste, de recordar nuestra  historia luna tras luna. Y ahora estamos enfrente, sin decirnos nada. Los nervios me pueden, ha pasado demasiado tiempo, ¿de verdad no piensas hablarme?  Y me siento atrapada por tu jodida sonrisa, la misma que ponías únicamente conmigo, como cuando estábamos juntos, y me pregunto qué significa todo esto. Es pura casualidad, que nos hayamos tropezado aquí, yo simplemente paseaba, y tú también. Veo como te aproximas más y más, y de repente, siento tu boca contra la mía. Medio minuto después te separas y te ríes.

-Besas igual que siempre, o qué digo, incluso mejor. ¿Has estado practicando? -Me dices.
-¿Te importa?
-Pues claro que me importa.
-La respuesta es no, ¿y tú? -Intento que no se noten los celos en mi voz.
-¿Crees que puedo estar con otra mientras tu nombre se dibuja en mi cabeza cada vez que me acuesto?
-Quién sabe, si pensases un poco, intentarías olvidarte de mí. -Contesto.
-Ya, pero es que yo no pienso, hace tiempo que me volví loco. Loco por ti.

6 comentarios:

  1. Incrieible entrada. Escribes muy bien!
    Me ha encantado, aunque he de decir que los celos es algo bueno, porque cuando los sientes, es porque de verdad te importa esa persona (o es que eres muy posesivo).

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  2. la ultima parte es genial me encanta :D Pues si es muy divertido lo del slaon del manga, ya que mucha gente va disfrazada y eso jeje
    bueno guapa esperoque te este yendo genial :)
    besitoos
    http://www.skinnynightmare.blogspot.com

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  3. Tienes una nueva seguidora fiel, me gusta mucho la imagen de tu blog y como escribes.
    Un saludo desde un pequeño mundo donde las "letras son de papel" :)

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  4. Te envidio. Como me gustaría que él volviese y me dijera que no habrá otra después de mi. Sueños imposibles.
    Pero me alegro mucho por vos, y porque después de tanto tiempo alguien que amás mucho venga y te diga eso.

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  5. Ya el nombre del blog me sonaba sosegado, pero así es tu forma de expresarte. Tranquila, sosegada, romántica.
    Me encantó el blog, te sigo.
    Un abrazo

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