27 ago. 2011

B

Hoy las luces ya no son las mismas. Ni el cielo es el de siempre, ni respiro el aire de todos, ni si quiera reconozco mi propio reflejo. Mi corazón sufre pinchazos de inseguridad, quizás por las cuerdas que lo atan a ti. Y mientras, mi mente viaja entre los "quiero y no puedo" que me impiden dormir. Y tú sigues ahí, indiferente, viendo cómo en mis ojos hay niebla, cómo paso frío en la calle solo para que mi sufrimiento interior quede oculto tras otro más falso aún. Que tienes lo que quieres, y te importa una mierda lo que esté detrás de ti. Me siento ajena a todo esto, como si no fuese conmigo. Voy consumiéndome; mientras mis ganas de ti aumentan, mi corazón va dejando de latir. ¿Y ahora qué? Ahora tus palabras pierden sentido, se convierten en algo lejano que  para mí ya no existe. Desapareces, en el fondo de la noche, donde te encuentras tan solo con tu gran orgullo. Yo, por mi parte, me comeré mis suicidios mentales, el abatimiento que me asedia a todas horas seguirá ahí, agobiándome para que este sinsabor no quede enterrado en el fondo de mi cabeza, para que algún día, cuando me sienta demasiado mal, me sirva de lección y no me apetezca quererte.
(No, no es un hasta luego, es un adiós)

No hay comentarios:

Publicar un comentario