27 jun. 2010

mucho que hacer,sin ganas de hacer nada.


Tengo en mis manos este sobrecito de azúcar. No es nada especial, nada que se compare a la maravillosa tarde que pasamos bajo la lluvia, caminando por los parques, entre la hierba mojada, y sin paraguas. Recuerdo que te dije para comprarle uno a un señor que pasaba vendiéndolos por allí, pero me replicaste que era mejor así. Me llevaste a una calita, nos sentamos bajo una roca, mirando la maldita puesta de sol. Aquel momento, odioso y asqueroso momento. Me dijiste que me querías, que ibas a estar conmigo para siempre, me prometiste la luna. Me lo creí todo, cuando en realidad estaba envuelta en una mentira que engordaba cada vez más, sin que yo me diese cuenta de nada. Me pusiste en la mano este azucarillo, como testigo de tus palabras. Me juraste que mientras esto siguiera conmigo, nada nos separaría, pues no se podría negar nada si se cumpliera lo dicho, ya que funcionaría como prueba de nuestro amor.
Ahora, aún lo guardo, y desde luego, es un azucarillo cualquiera.

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