14 oct. 2011

Hoy la idea ya no es decir "que le jodan al destino, si el nuestro no es estar juntos."

Continúo imaginando que me susurras como todos los días al oído, que enredas tus dedos en mi pelo, que sigues aquí, a mi lado. Estoy desorientada. Qué habrá sido de mi norte, y de mi sur, y de mi este y de mi oeste. Ya no estoy tan cuerda como de costumbre. Ni lo estaré hasta que el olvido visite el momento en el que supe de ti por primera vez. Porque sí, he perdido la cabeza por tu sonrisa. Me he perdido a mí misma, de arriba a abajo, y todavía ignoro dónde volver a encontrarme. No sé dónde estás tú, pero sé que yo estoy contigo. Y no dejaré de buscarme hasta que me digas basta. Que ya está,  que no vas a volver, que eres demasiado cobarde como para admitir que te enamoraste. Y yo me rendiré. Como hice aquella tarde a tus pies. Que al igual que me venció un día tu mirada, voy  doblegarme y asumir que lo has vuelto a hacer. Pero esta vez, de otra manera. Que si quieres, podemos dividir esta historia en dos páginas en blanco; la primera con el comienzo de un "buenos días" bien grande, y la segunda, en una esquina  el adiós que tanto te agrada. Más que nada,  necesito que me digas que si grito tu nombre no vas a aparecer, que ya no pensaré más en todo lo que pasamos, que eso ya es historia, que ya no me gustarán tus palabras, y mis ojos no brillarán al verte como han hecho hasta ahora, que es inútil pensar en un "nosotros". Que puedo renunciar a ti.
Pero quiero pedirte una última cosa. Júrame que tú tampoco me vas recordar, que no preguntarás por mí, ni querrás saber quién seré dentro de unos meses, que esto va a ser fácil, que no volverás a mirarme de reojo, que somos completos desconocidos. Júrame que no regresarás, y yo te prometo que nunca te pediré que lo hagas. Y en caso de que alguna vez desista y te diga te quiero, miénteme y dime que tú no sabes de eso.

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